Corto y Fuerte

Me bajo hasta Badajoz un fin de semana por petición de un colega que quiere presentarme a un chavalito que cree que me va a gustar. Mi amigo vive en un pueblecito de los muchos que hay en Extremadura. Con pocos habitantes, tranquilidad absoluta y belleza natural. Aburrido, si, pero precisamente por eso, cuando encuentras allí un tio que quiere rabo, el polvo suele ser muy intenso. Tienen muchas ganas contenidas.

Mi colega no quiere participar, así que me deja su casa esa noche mientras él se va de fiesta. El chaval aún no ha llegado, así que me doy una ducha tranquilo, me relajo en el sofá un rato. Miro a ver si me lo he traido todo en la bolsa. Voy planeando como me lo voy a follar, etc….

Llaman a la puerta y salgo a abrir desnudo, con la polla medio empalmada. En la puerta me encuentro a un crio, de unos 18 años, prefiero pensar eso a que fuera menor. Un crio de estos que se pasan la mitad del día en el gimnasio y la otra mitad comiendo proteinas para ganar volumen. No mediría más de…..1,70? Un niñato musculoso, con cara de chulo, con ropa deportiva en plan chancli, que se queda parado ante mi al verme así abriendo la puerta. Se presenta y me suelta algunas frases bordes sobre mi chulería al abrir desnudo y medio empalmado. No me sorprende la desvergüenza de estos chavales, ya me he follado muchos, y me enternece.

Pasa al salón y me pregunta que qué vamos a hacer. Lo primero que hago es soltarle una ostia para que se le bajen los humos. Saco de mi bolsa las ataduras para puertas y lo dejo atado, abierto de piernas y brazos a la puerta del comedor. No hace más que quejarse de que no le va la violencia. Solo me apetece callarle a guantazos. Le quito la gorra, le bajo el pantalón y le dejo con el culo al aire. No se le puede negar al chaval que tuviera un culo espectacular, redondo, duro, hermoso, suave. Empiezo a jugar con los dedos en su agujero mientras le susurro cosas al oído. Observo como se empalma hasta tenerla dura como una piedra. Le digo que ningún crio malcriado se me va a poner chulo a mi y que a los niñatos como él me lo follo yo a pares. El culo se le abría como la compuerta de una nave nodriza. Estaba muy caliente.

Yo tengo el nabo ya preparado para darle caña, así que lubrico bien y se la enfilo directa al fondo. El chaval grita de dolor pero le tapo la boca y le zumbo fuerte para que se acostumbre. Tiene el culo estrecho y suave. Golpeo con mis huevos en sus nalgas duras del gym. Parece que se relaja y disfruta, por que empieza a gemir como un cerdo. Yo no paro de darle polla tan fuerte y bestia como puedo. Quiero romperle el culo a ese chulito. Me pone tan burro que quiero correrme rápido, su culo está muy bueno. La saco, me quito el condón y le riego todo el agujero con chorros de lefa que resbalan y gotean en el suelo. No ha durado más de media hora, pero me he quedado bien agusto.

Saco de la bolsa un dildo gigante. Lo coloco en la entrada del culo y se lo meto poco a poco. El chaval grita y respira hondo para recibirlo entero. Me siento en el suelo, entre sus piernas, con su polla a punto de explotar de lo dura que estaba, justo en mi cara. Le follo con el dildo sin temor a reventarle. Le estoy abriendo como nunca en su vida le habían abierto. Comienzo a mamarle la polla, no muy grande, pero gruesa y muy dura. En apenas 10 minutos de follarle y mamarle a la vez, me suelta una corrida tan bestia que me cubre toda la cara de leche. Lanzó como 10 o 12 chorrazos tremendos de lefa que me supieron a gloria. Me encanta cuando se corren bien corridos. Acabé todo cubierto y me resbalaba por el torso hasta llegar a mi polla. Joder con el crio.

Podías notar el antes y el después del polvo en el chaval. Tras descolgarle de la pared, estaba suave y calmado. Se le habían bajado los humos y sonreía todo el tiempo. No hay nada como enseñarles a estos tios quién es el que manda.

Ya le había enseñado quien era yo, ahora tocaba que me mostrara un poco de él. Así que nos pasamos un par de horas jugando a la play, jajajajajajaja. Desnudos sobre la alfombra, me ganaba todo el tiempo. El resto de la noche estuvimos follando entre partida y partida. Obediente como un corderito, el chulito que entró por la puerta se convirtió en un niñito complaciente.

A la mañana siguiente, mi colega nos encontró durmiendo juntos sobre la alfombra, con mi rabo aún dentro de él.

Hermosa vista

 

Estaba en Cáceres. Estaba en un piso antiguo de la judería. Reformado. Muy guapo el piso. Un colega, dueño del apartamento, me sirve una copa. Charramos. Tirados en el sofá. Quiere que le cuente que he estado haciendo. Le narro mi periplo por el país, follándome culos, satisfaciendo fantasías. Quiere detalles, le doy detalles. Observo como su rabo se pone duro. Le doy más detalles para que se le ponga más duro. Mi colega tiene 37 años, es bajito, no creo que alce más de 1,70 del suelo. Tiene un cuerpo tan fibrado que, si le pegas, te haces daño en la mano. No está muy dotado, pero aceptable. Es pelirrojo, a los VanGogh. eso me pone mucho de él. Ver que se le pone dura hace que se me ponga dura a mi también. Pocos minutos después, me saco el nabo para que respire. Estába ya muy agobiado con la presión del pantalón. Mi colega traga saliva, le encanta mi polla. Acerca su mano y comienza a tocármela, a acariciarla, suavemente, disfrutando su tamaño. Recoge la gota de liquido preseminal que sale de mi capullo. Sigo contándole mis andanzas. Siento su respirar acelerado, sus ansias por comérmela, hasta puedo oir como se le dilata el culo de las ganas de que le encule.

Ding Dong! Ostias, la puerta! Mi colega va a abrir, y yo sigo con el nabo duro en el sofá. Le digo que mire primero quién es. No es cuestión que cualquiera se encuentre un tio empalmao en un sofá. Pasan cinco minutos en los que no oigo nada. Me pregunto qué estará pasando en el recibidor. Mientras me pajeo lentamente, me mola sentirla dura y mis dedos recorriéndola de arriba a abajo. Me masaje los huevos y los aprieto. En cuanto vuelta éste, me lo reviento.

Vuelve al salón, y trae visita. Me tapo rapidamente con un cojín. Me dice que no pasa nada, que es un amigo suyo y que no se va a asustar por verme empalmao. El amigo en cuestión tendrá unos 23 añitos. De aspecto retro, muy alto y guapo. Una especie de Patrick Dempsey en Loverboy. Con el pelo a lo James Dean. Tiene rollo, está muy guapo el crio.

Ya que me dice que no se va a asustar, me quito el cojín y descubro mi polla, dura y venosa. El nuevo abre un poco la boca y traga saliva. Dice un tímido hola. Mi colega se queda sonriendo en un lado del salón, como esperando ver que va a pasar. El chaval, ante mi, se descalza, se quita la camiseta, se quita los pantalones y los calzoncillos y desnuda su cuerpo, no fibrado, pero perfecta y naturalmente musculado, de piel suave y clara, de proporciones tan hermosas que me quedo sin respiración por unos segundos. Se acerca a mi, con una media sonrisa. Se arrodilla, me abre las piernas, agarra mi rabo desde la base, y lo lame de abajo a arriba, hasta llegar al capullo. Abre la boca y, de una sola vez, se lo clava entero dentro hasta sentir sus labios en mis huevos y su garganta en mi capullo. Y no le dan arcadas, y no la saca enseguida. No representa un esfuerzo para él. La disfruta. Se queda un rato con todo mi rabo en su boca. Me coge la mano, la lleva hasta su nuca y me aprieta para que le clave hasta el último milimetro. Una corriente de gustazo me recorre el cuerpo. Echo la cabeza hacia atrás y disfruto el momento. Ese chico sabe satisfacerme, y mucho.

Mi colega está en una esquina, con el pantalón por las rodillas, su hermoso cuerpo peludo y rojizo semidesnudo, pajeándose a base de bien. El chaval haciéndome tal mamada profunda, jugosa y larga, que me tiene en una nube de placer de la que no me quiero bajar. A veces hace amagos de levantarse para sentarse encima, pero ni de coña le dejo. Le agarro la nuca y le indico que siga mamando. De ese arte suyo no me voy a librar tan rápido. Más de una hora le tengo comiendo polla. Arrodillado en el suelo, con un par de cojines en las rodillas, el culo en pompa pidiendo ser follado. Mi colega está a punto de correrse. Pero antes de que eso pase, le mando que me abra el camino y empiece a follarse al crio. Quiero que esté bien abierto para cuando yo entre ahí, por que me tiene tan caliente que la primera clavada va a ser mortal y directa. Se coloca trás de él y le enchufa su polla. El chaval está encantado y la mama con más y más ansia. Yo estoy que no puedo más con mi alma del gustazo que me está dando.

Bueno, creo que ya no puedo más, como siga mamando le voy a llenar la boca de lefa. Le aparto la cara de mi rabo, cubierto de saliva. Les pongo a los dos a cuatro patas en el sofá. Con la hermosa visión de sus culos abiertos ante mi. Le abro las nalgas al chaval y le meto tal clavada hasta los huevos que tiene que morder el respaldo para no gritar. Empiezo a encularle tan fuerte y tan rápido que pierdo el norte. Me acelero de malas maneras y le ostio el culo que se lo dejo rojo. Mi colega está alucinando. Me mira con ganas de que le meta a su culo. No tengo mucha intención de parar de follarme al crio, así que saco un plug de mi bolsa y se lo encasqueto para que se vaya entreteniendo. El culo del chaval me tiene absorbido. Es caliente, es suave, se está de puta madre dentro. No puedo parar de zumbarle fuerte. Deja de morder y empieza a jadear bien alto. Cuanto más jadea, más burro me pongo yo. Su espalda ancha, su cintura estrecha y su enorme culo redondo abierto alrededor de mi rabo duro me tiene fuera de mis casillas.

Debo parar, el chaval necesita respirar, se marea. Saco mi polla y me siento en el sofá. Sudando. Jadeando. Mi colega ve la oportunidad y se saca el plug del culo y se sienta sobre mi nabo. Me encanta su espalda tatuada y su culo tragando polla. El chaval recobra el aliento y se coloca frente a él para metersela en la boca. Tiene una polla muy hermosa, grande, suave. Mi colega come con ganas mientras sube y baja por mi rabo. Pasados tres cuartos de hora, bastante descansados para mi, ya que estoy sentadito mientras me lo hacen todo, mi colega se corre agusto, salpicándome en las piernas.

El chaval está a punto también, pero es tal el placer que me ha dado, que siento un deseo tremendo de que se corra en mi cara. Quiero ver ese nabo frente a mi y recibir su lefada en todo el jeto. Levanto a mi colega y mientras me pajeo, el chaval me lanza unos bueno chorros de leche que golpean mi rostro y los siento resbalar, calientes, ricos, hasta gotear en mi pecho. Hasta corriéndose es guapo el tío. Le lamo los huevos para recoger sus últimas gotas.

Es mi turno, y el chaval lo sabe. Se arrodilla  y me la mama con fuerza, succionando hasta el mango. estoy que no puedo más y me pego la gran corrida dentro de su boca. Mi leche se sale por las comisuras de sus labios, pero el cabrón no deja de mamar. Me estremezco del gustazo. Y con su boca lefada, viene hacia mi y me mete un morreo del quince. No puedo estar más complacido.

Estamos cansados y nos acostamos los tres en la cama a dormir la siesta, desnudos. Yo me abrazo al chaval para sentir su espalda y su culo bien pegado a mi polla y mi colega se me abraza a mi. Ni que decir tiene que en apenas media hora, me desperté con el rabo duro y, mientras el chaval dormía, se lo clavé dentro para despertarle follándomelo….Y así estuvimos toda la tarde y la noche, que no nos bajamos de la cama

Por la mañana cambiamos las sábanas. Y yo me quedé tres días con ellos, sin salir, sin vestirnos. Con mucho gusto.

El Tercer Brazo

 

Llegué hasta Toledo y paré solo para comprar unas cosas antes de seguir camino a Cáceres. Como siempre digo, cualquier lugar es bueno para echar un polvo, y el dependiente de la tienda me lo confirmó.

No era especialmente guapo, pero me miraba con una cara de hambre que daba morbo pensar en lo que era capaz ese tío con una polla en la boca. Eran las 2 de la tarde, hora de cerrar, yo era el último cliente pero no estábamos solos en la tienda. Su compañero de trabajo estaba revoloteando, reponiendo género, mirando, limpiando. Yo iba en vaqueros, de lo más tirado, y con el jersey ajustado por que hacía frío. En mi mano sujetaba mi bolsa de herramientas, no me gusta dejarla en el coche. Al darme el cambio por la compra me dio también el tiquet, y detrás del tiquet estaba su número de teléfono.

.- Uuuufffff, no me gustan esas cosas, si quieres follar me lo dices en el momento, y si hemos follado bien, entonces ya vemos si vale la pena intercambiar números.-. Creí que lo estaba pensando, hahahaha, pero no, lo estaba diciendo en voz alta y el chaval se quedó con cara de no saber que decir. Cuando alguien no sabe que decir, mejor dilo tu por él. .- Cierra la puerta y te follo aquí mismo.- No me acordaba que el compañero estaba por ahí. No parece que le importara, por que llamó al colega y le dijo tranquilamente .- Jorge, ¿te molaría que nos follaran ahora mismo y aquí?.- Al segundo siguiente, Jorge estaba pasando a mi lado de camino a la puerta para cerrarla, bajar la persiana y conforme se acercaba a nuestro lado, se iba quitando la ropa hasta quedarse en calzoncillos junto a mi. La verdad, no podía reírme, pero la situación entera me estaba haciendo mucha gracia.

Jorge, de unos 38 años, no muy delgado, de cuerpo natural, con algo de vello en el pecho se arrodilló ante mi, me desabrochó el vaquero, me sacó el rabo y se lo metió en la boca para mamarlo con ganas. Me gusta cuando los tíos van a lo que van. El dependiente se empezó a quitar la ropa y dejar ver un precioso cuerpo fibrado. Se subió al mostrador para que le comiera la polla, pero le giré y puse ante mi su culito. Entendió a la primera que el follador era yo y ellos los que iban a recibir por todas partes. Le empecé a comer el agujero, depilado y suave. Siempre es un placer.

Jorge no dejaba de comer rabo y huevos. Yo me dispuse a jugar con el culo del dependiente. Mis dedos iban y venían, acariciaban, tentaban el entrar en ese agujero tan rico. Quise probar cuanta facilidad tenía el pavo, así que metí un dedo. Instantaneamente, ese culo se abrió como de una compuerta de nave espacial se tratase. Increíble. Sin pensarlo dos veces metí un segundo dedo, y un tercero y así le follaba. El dependiente estaba gimiendo como una puta perra, creo que nos oían desde la calle.

Sin pensarlo más, con la mano izquierda abrí la bolsa, saqué el puño de látex y el lubricante para fisting y lo puse sobre el mostrador. Jorge seguía a lo suyo, y lo hacía de puta madre. Demasiado de puta madre, tal vez, ya que a veces sentía que me iba a correr de gusto. No había tiempo que perder. Lubriqué el puño de látex con el lubricante y se lo empecé a clavar al dependiente, poco a poco, con suavidad. Se iba adentrando, abriendo paso en sus entrañas. El chaval se agarró fuerte a donde pudo mientras soltaba gritos de placer. Le estaba llenando por entero, le estaba empalando por el culo. Llegué a meterle casi todo el puño, hasta el fondo. El tío flipaba, le costaba respirar, y yo me ponía cada vez más cachondo con verle. Tenía que ir al grano, Jorge esta succionando mi rabo con unas ganas increíbles y y no faltaría mucho para llenarle la cara de lefa.

Saqué el puño casi entero de nuevo, y lo volví a meter. Todo suavemente para que sintiera cada puto centímetro de látex en su abierto culazo tragón. A los 10 minutos de estar así, me harté y fui a lo que fui. Comencé a follarle con el puño de manera rápida y violenta. Le clavaba de golpe todo el brazo sin importarme nada más. Descargaba sobre su agujero una ira sin razón. Como si le estuviera apuñalando, le clavaba hasta el fondo y lo volvia a sacar. El dependiente, que yo creía que lo estaba matando, no dejaba de gritar .- más, más, más, joder, más.- mientras se pajeaba. Al cabo de unos pocos minutos, soltó una buena corrida sobre el mostrado, manchando facturas y bolsas de gominolas que tenía expuestas.

Jorge estaba lamiéndome las pelotas, cosa que me pone al límite, y ya del subidón de la clavada violenta con el puño de látex en el dependiente, el corridón que se pegó en el mostrador y la megamamada que Jorge me estaba metiendo, le agarré de la cabeza, le abrí la boca, le hundí todo el puto nabo en lo más hondo de la garganta y solté unos chorros de leche que creí que no paraba de correrme nunca. Me quedé muy, muy, muy a gusto.

En total, el “polvo” no duró más de tres cuartos de hora, cosa rápida. Recuperé el aliento, me subí los pantalones mientras ellos se vestían de nuevo y pasaban una bayeta por el mostrador, hahahahahaha, y metí las herramientas en mi bolsa de nuevo. .- Tienes mi número, por si te apetece repetirlo.- me dijo el dependiente. .- No se si eso ocurrirá. No suelo venir por estas tierras a menudo. Lo siento.- le dije yo, dejando el tiquet de nuevo en sus manos. Jorge abrió la puerta de la tienda y me fui antes de que se me hiciera tarde. Fue extraño, pero una vez corrido, solo tenía ganas de largarme y no volver.

Me gustó, pero….Y si a algo que te ha gustado le encuentras un pero, mejor es largarse cuanto antes. Rumbo a Cáceres para mi siguiente encuentro .

Una noche completa

De Madrid cogí rumbo a Talavera de la Reina. Hacía un frío de la ostia, pero allí fui a calentar al personal. Llegué tarde al hotel, me di una ducha y enseguida se me hizo medianoche. Me calcé el abrigo y los guantes y me piré a la discoteca, a ver si se me calentaba el cuerpo. Hay un trecho largo entre el hotel y la discoteca, pero me fui andando, las frías noche de invierno tienen algo que me pone.

Tiré la calle adelante, coches pitando, música alta en algunas casas, algunas risas escandalosas…pero hacía mi camino. Hasta pararme en un semáforo de una calle muy transitada. Me tocó esperar a que se pusiera el hombrecito en verde. Al otro lado del paso de peatones había un chaval, no parecía gran cosa. No era alto, ni grande. Vestía unos vaqueros de lo más normal, una chaqueta que no le quitaba el frío, ya que tenía las manos en los bolsillos y aún así, se le veía congelado. Por unos momentos, el tiempo se paró y mi mente se concentró en observar al chaval. Calzaba unas adidas de bota, con la lengüeta bien visible. No andaba mal de paquete, la verdad. Cintura estrecha….y así iba yo subiendo en un detenido recorrido por todo su cuerpo. De esto que te quedas empanado mirando a alguien sin saber bien por qué. Pero ahí estaba, subiendo por su cuerpo, fijándome en cada detalle, hasta que llegué a su rostro y….parada en seco. El chaval no me quitaba ojo, me miraba fijamente, clavado en mi, con una media sonrisa, como queriendo agradarme. Incluso siendo yo, me llegó a intimidar su mirada. Casi bajo yo la mía por timidez. Cosa que no recuerdo que haya pasado antes, la verdad.

Poco más y no me doy cuenta de que había cambiado la luz y se había encendido el hombrecito verde. Con paso decidido, crucé la calle. El chaval no se movió, me siguió con la mirada, y seguía sonriendo. La cosa no podía estar más clara. No podía dudar en entrar en acción. Cuando pasé por su lado, me acerqué, sin parar, y le dije al oído, suavemente, “Voy a follarte“. Y seguí adelante unos pasos, hasta pararme en una esquina oscura. Solo me cabía esperar su reacción. Obviamente, no tardó en aparecer a mi lado. Dijo un “Hola!” y siguió con sus ojos clavados en los míos. Y esa medio sonrisa que ya empezaba a ponerme nervioso y quería borrársela a pollazos. Le agarré de la chaqueta, lo empotré contra la pared, le solté un morreo mientras le desabrochaba el pantalón, le di la vuelta, y me puse a manosearle el culo. Quería ver como iba armado de pandero. Y, la verdad, tenía un culazo redondo, estrecho, firme, suave y, lo mejor de todo, que no oponía resistencia. Me encantan los pasivos por vocación.

Me disponía a follármelo allí mismo, frio polar incluido, cuando se da la vuelta violentamente, se sube el pantalón y me dice que allí no quiere follar y que…..tiene unos gustos un poco particulares. Me quedo todo intrigado con eso de los “gustos particulares”. Flipo cuando alguien tiene cosas nuevas que pedirme o especialidades que quiere poner en práctica. Los nuevos retos me apasionan. Aunque normalmente son cosas que yo hago a diario pero para ellos son poco habituales.

Mientras mete sus brazos por mi abrigo para calentarse las manos y se acerca su cabeza a mi pecho (cosa tierna), me dice que le gustaría que le follara en casa y que le gustaría también que le atara y le vendara los ojos. Que me has dicho, chaval? El cielo abierto. Sonreí. Le susurré “Te prometo que te haré pasar un buen rato“. Y se abrazó a mi. Yo ya estaba empalmado solo de pensar en lo mucho y bien que me iba a refollar a semejante pasivo tierno. Son los más complacientes. Y yo quiero que me complazcan.

Es mi trabajo estar al tanto de todas las prácticas sexuales habidas y por haber y de saber manejar todas las herramientas necesarias para follar como es debido. Y con los años he aprendido a montármelo bien en cualquier situación, y el bondage no iba a ser menos. Atar a una persona requiere métodos y respeto. El otro tío se quiere someter a ti, pero eso no significa que quiera “dolor” de verdad. Así que, y más tratándose de un extraño, no es bueno atar con cinta adhesiva, ya que eso le haría una depilación bestia al quitársela, con posible daño en la piel. Las esposas están muy bien. La cuerda es buena, aunque hay que saber nudos y técnicas para atar en múltiples posturas. Por todo esto, ahora, yo uso unas esposas de cuero. Tienen forma de brazalete, por lo que no se harán daño si intentan forcejear, pero quedan firmemente atados.

Así que nos dirigimos al hotel de vuelta, sin que se despegara de mi, supongo que por frío. Todo fue bastante tierno, la verdad. Cuanto más tiernos son, más ganas de destrozarles el culo tengo yo. Y llegamos al hotel, puse la calefacción y le di un albornoz para que se diera una ducha caliente y así se quitara ese frío polar de la calle. El chaval se fue desnudando ante mi, sin pretensiones, sin falsear nada, sin hacerme un striptease, tan solo quitándose la ropa de manera natural. Y yo no podía apartar la mirada de él. La belleza del momento, las líneas de su cuerpo, pequeño y suave. La redondez de su culo, blanco, firme. “¿Qué edad tienes?” .- le pregunté curioso. “21 recién cumplidos” .- Me dijo sonriendo. No podía dejar de pensar en que me lo quería refollar hasta la mañana siguiente, toda la noche, sin parar.

Se metió en la ducha, y mientras yo me fui desnudando, sacando las esposas de cuero, la venda para los ojos, el lubricante…. Y esperé sentado en la cama a que saliera. Y salió. Llevaba el albornoz abierto, su polla ya estaba bien empalmada, no se había quitado la sonrisa de la boca y se acercaba hacía mí lentamente. Me puse en pie, mi rabo también y le quité el albornoz y acaricié todo su cuerpo con mis manos. Le apreté contra mi para sentirle en mi piel y para que él sintiera mi polla tremendamente dura en la entrada de su culo. No tardé mucho en ponerle la venda en los ojos y darle un beso en la nuca. Cogerle los brazos y llevarlos a su espalda y atarlos con las esposas. De un pequeño empujón, cayó de boca en la cama. Le abrí las piernas y me dediqué a hacerle una comida de culo como hacía semanas que no le daba a nadie. Le clavé toda la lengua en su agujero que se dilataba con cada lametazo. Jugaba con mis dedos a abrirle más y más. Y follarle con la lengua más y más. El chaval no dejaba de gemir, de morder el edredón, de suplicarme que me lo follara. Y cuanto más suplicaba, más le metía la lengua en el culo.

No podía aguantar más, debía taladrarme al capullo este que me había acelerado de malas maneras. Estaba ya que me lo reventaba a pollazos. Así que dejé su culo, lo subí hacia la almohada, le desaté las manos de la espalada y se las até al cabecero de la cama. Bocaabajo y abierto de piernas, le até con otro juego de esposas los tobillos a la cama y así le tuve completamente a mi disposición, tanto como yo quisiera. Estaba tan excitado que de un golpe me tiré sobre él y le clavé todo el nabo en el culo. Del golpe tuvo que morder la almohada, pero yo ya no podía dejar de taladrar ese agujero. Embestidas más y más fuertes. Clavadas tan profundas que podía sentir sus entrañas. Quería atravesarlo entero. Quería meterle hasta los huevos en el culo. Tenía un culito tan caliente y suave que estaba apunto de correrme vivo. Tras 15 minutos de zumbada bestial, sin compasión y sin medida. Salí de su agujero y me pegué tremenda corrida en su culo, bañándole todo el exterior, cubriéndoselo de lefa caliente. Joder que agusto me quedé después de esa corrida.

De repente, caí en que había tardado solo 45 minutos en follármelo y ni le había ostiado el culo ni nada. Me pareció que fue poco, la verdad, aunque yo me hubiera muy bien corrido. Le pregunté que tal y solo tenía fuerzas para soltar un “uuufff”. Perdí el límite, y cuando lo pierdo, destrozo el culo que tenga delante. Me agaché y le dije al oído que esto aún no había acabado, que le iba a dejar ahí, atado bocaabajo para follármelo tantas veces como yo quisiera esa noche. No dijo nada, solo sonrió ampliamente. Le di un beso y me fui a la ducha. Al salir, él seguía donde lo había dejado, con la leche aún sobre su culo. Me senté detrás de la cama, en un sillón, me abrí de piernas y me empecé a pajear con la visión de sus piernas abiertas, su culo abierto, la lefa resbalando por sus muslos……me ponía a mil.

Cuando estuve ya con ganas de seguir clavando, le desaté de la cama, le di la vuelta (me seguía sonriendo), le esposé las muñecas a los tobillos para dejarle bien abierto de piernas y con el culo bien alto. Me lubriqué los dedos y le abrí el agujero. Y directamente le clavé de nuevo el rabo. Esta vez podía ver su cara de placer al meterle el rabo hasta el fondo, y cuando ya había hecho tope, aún empujé más adentro. Se le borró la sonrisa, estaba disfrutando como un cabrón. Le cogía de los tobillos y clavaba y clavaba y clavaba como un demonio. Ese culo me estaba desquiciando. Tras una hora de incansable taladrada de agujero, y sin parar de meter, le desaté por completo, salí de su culo, le agarré en el aire, me puse de pie, se abrazó a mi y empecé a follármelo, bajándole y subiéndole con las manos en sus caderas. Al ser tan pequeño era muy fácil la postura. Podía escuchar sus gemidos en mi oído, de vez en cuando se le escapa un “Fóllame más, más, mas” susurrante. Lo llevé hacia la cómoda, se soltó de mi cuello y apoyó las manos sobre el mueble. Le agarré de las piernas y seguí dándole tan fuerte que pegábamos golpes en la pared. No iba a tardar mucho en volver a correrme. Al cabo de un rato, le bajé, arrodillé, esposé las manos a la espalda y le di de mamar mi rabo duro, follándole la boca hasta atravesarle la garganta. Estaba muy habituado a tragar pollas porque era muy fácil clavársela hasta los huevos y llegarle hasta la garganta. Después de 20 minutos así no pude aguantar más y, de una clavada profunda, solté chorrazos de lefa directamente en su garganta, presionando su cabeza para que no se saliera una gota. Cuando me corrido entero, saqué el nabo y le ostié la cara con él para limpiármelo. El chaval estaba destrozado, y yo más relajado que antes.

Durante esa noche, le follé dos veces más atado a la cama. Completamente a mi merced, el chaval quedó muy satisfecho. Y a la mañana siguiente desayunamos juntos en la habitación. Pero no se quería ir sin un último regalo. Me puse mermelada de fresa en la polla y le di de desayunar durante media hora hasta correrme de nuevo en su boca y cara. Le di un buen beso y lametones para saborear mi propia lefa. Desde luego, la noche fue de lo más completa.

Antes de irse, me dio un beso, me metió su número de teléfono en el bolsillo del albornoz y se fue sonriendo. Esta vez, ambos quedamos follados bien follados.

Tratamiento VIP

Estando en Bilbao, recibí una llamada de un colega de Madrid. Me necesitaba para un trío muy especial que iba a realizar el sábado siguiente. Me explicó que un personaje de cierta fama a nivel europeo había ligado con él e iba a follárselo, pero que le propuso una serie de prácticas sexuales “poco habituales”. Así, mi colega, pensó en mi, por mi experiencia y mi bolsa de herramientas. Le preguntó a su ligue si le importaba que fuera un trío y, claro, no hubo problema. Si alguien te dice que no le gustan los tríos…….significa que no le gustan los tríos contigo. Pero a todos les mola un buen trío.

Llega el sábado y llego yo también a Madrid. Un inesperado día soleado. Me coloco las rayban de espejo (un poco pretenciosas pero siempre efectivas). Y subo al apartamento de mi colega. Es hora de prepararse para la sesión VIP.

“Empezemos por saber que son esas prácticas “poco habituales”” .- le pregunto a mi amigo. .- “Quiere sexo fuerte, algo de sado suave y ser usado como una buena zorra”. Pues la verdad, eso de poco habitual no tiene mucho, es mi pan de todos los días, pero bueno.

Dejo la bolsa encima de la cama y me dirijo a la ducha para relajarme tras el viaje. Y mientras le voy dando vueltas a que voy a preparar. Tras un buen duchazo, salgo en toalla y veo el saco de boxeo que mi amigo tiene para entrenar. No podía haberme venido mejor la cosa. De la bolsa saco un columpio para manejar a la zorrita de turno a nuestro antojo. Mi amigo está frente a mi, apoyado en el marco de la puerta, mirándome mientras preparo las cosas. Saco el lubricante, los condones…..y de reojo veo como se va quitando la camiseta. Me flipa lo hermoso de su torso, esta muy bueno. Sin quitarse la sonrisa de la boca, se baja el pantalón y se queda desnudo y empalmado…..Y yo me empalmo solo de saberlo. Se acerca a mi lado, se arrodilla, me afloja la toalla y se amorra a mi nabo. Por más que quisiera meterle una follada del 15 he de reservarme para la sesión siguiente. Le digo que mame rabo pero nada de follármelo por ahora. Y mientras yo sigo a lo mío, él sigue a lo suyo, mamando sin parar.

Tenemos el columpio por un lado….mmmm…..saco una máscara de perro para mi colega (que no para de tragar polla), un cockring teardrop de goma negra para mi y una fusta para darle algunos toques. No hará falta nada más, después de todo, quería algo light aunque sado. Todo está dispuesto sobre la cama, en breve hay que empezar a preparar la escena. Mi mamonazo no deja de succionar. Es un gustazo verle arrodillado ante mi, su espeso pelo negro (por suerte no es de esos rapaos o calvos, sino que disfruta de un pelazo negro y ondulado que me encanta despeinar con los dedos). Le doy un cuarto de hora más de mamada. Después le levanto, le beso y de una palmada en el culo nos ponemos a prepararnos. Nuestra zorra internacional llegará en media hora.

Cuelgo el columpio, que tiene una versatilidad de movimientos enorme, aguanta mucho peso y nos permite follárnoslo a nuestro placer. Es como un sling pero no tan aparatoso. Más transportable.

Mi colega se coloca la máscara de perro. Le queda muy bien. Yo me pongo el cockring y la gorra de cuero y meto la fusta en mis botas.

Llaman a la puerta de abajo, mientras sube apagamos las luces, dejando solo unas velas alrededor de la habitación donde nos lo vamos a zumbar. Mi colega se coloca un paso por detrás de mi, como si fuera mi “mascota-esclavo”. Abro la puerta. Es él (menos mal, jajajaja). Se queda un poco parado ante la escena. Le agarro del brazo y nos lo llevamos a la habitación. Entre los dos le desnudamos y yo le susurro al oido “Guarda silencio”. Le tenemos desnudo. Le cojo de los hombros y le arrodillo para que quede su cara frente a nuestros dos rabacos bien duros y empalmados. Comienzo a mamarlos con ansia mientras nos lo vamos pasando de polla en polla con fuerza, con mando, agarrándole de la cabeza y forzándole a tragar hasta los huevos cada uno de nuestros nabos. Le cuesta respirar, coger aire entre clavada y clavada. La saliva ya le gotea por las comisuras. No para de gemir. Con cada gemido, nosotros nos aceleramos y le follamos la boca con más fuerza. Es fácil que se te vaya la mano en estos polvos. La violencia crece a cada minuto que pasa.

Saco la fusta y, mientras sigue mamando pollas sin parar, le meto unos toques en el culo. Azotes suaves, por si acaso no aguanta. Pero él no se queja. Le gusta sentir la fusta golpear en su culito. Yo acrecento la fuerza de los golpes hasta que veo que le duele, y así se hasta donde puedo llegar. Le paso la fusta, suavemente, por el agujero de su culo y puedo ver como se abre, esperando se penetrado. A este tío le va mazo ser pasivo. Eso me gusta.

Después de media hora de mamar pollas, nos retiramos de su boca, le pongo de pie y mi “perrito” le sujeta las manos a su espalda. Le acaricio con la fusta desde sus huevos hasta su cara. Le hago morderla. Le pregunto si quiere ser follado. “Si, señor”. Le vuelvo a preguntar, con un tono más alto, si quiere ser follado. “Sí, señor”. No me basta. Necesito que me lo suplique. “Suplica que te follemos, zorra” .- le grito. “Fóllenme, por favor. Se lo suplico, señor. Fóllenme fuerte”. Eso ya está mejor. Mi colega le lleva hasta el columpio y le pasa las correas por la espalda y la nuca. Yo le agarro los pies y lo pongo en horizontal. Le coloco los pies en sus correas para que se quede abierto de piernas, con las piernas en alto. Tengo ante mi su hermoso culito sonrosado, hambriento, abriéndose y cerrándose. Pidiendo que le metamos algo, lo que sea.

Su cabeza solo está apoyada por la nuca, así que se queda mirando hacia abajo, frente al rabo de mi colega, con la boca abierta. No tarda ni un segundo en llenársela de polla, clavándosela hasta los huevos.

Yo me enfundo el rabo en un condón, le pongo lubricante y sin preparación alguna le clavo de un solo golpe todo el pollazo hasta el último centímetro. Con la boca llena solo alcanza a soltar un ahogado grito gutural de dolor. Me la suda si le duele. Empiezo a meterle unas embestidas tan fuertes que hasta yo me hago daño al topar con sus caderas. No puedo parar. Le doy más y más fuerte. Le destrozo el agujero de puta que tiene. Me gusta verle así, tragando polla como un cabrón, con su cuerpo de gimnasio pero sin ser grande. Supongo que se dedicará a la televisión o la moda. Su piel blanca, muy cuidada. Su polla no es muy grande que digamos, pero está dura como una roca. Él se sujeta a la correas como puede para aguantar lo empujones que le meto. Y a cada empujón, más polla de mi colega que se traga. Yo estoy tan excitado que no puedo parar, y así me paso más de una hora, rompiéndole el culo a pollazos. Me pone que flipo. Miro a mi colega, con su máscara de perro, disfrutando de la mamada bestial que le está dando. Se escuchan sus gemidos a través del cuero.

De repente veo como salen de su polla unos chorros de leche espesa sin fuerza pero que cubren su la parte baja de su torso, dejándolo aún más blanco de lo que ya es.

Yo salgo rápidamente de su culo, viendo como se cierra el agujero al sacar mi nabo. Me pongo junto a mi “perro”. Nos pajeamos ante su cara, le abro bien la boca y nos corremos a la vez, enfocando la lefa hacia su boca, llenándosela. Una vez terminada la corrida. Le agarro de la barbilla y el pelo y le cierro la bocaza para que toda nuestra leche se quede dentro. Y de paso le doy un bofetón, no fuerte, no se si necesita la cara para trabajar, jajajaja. Abre la boca de inmediato y deja salir todo para que resbale por su cara. No tardamos en lamerle entero y restregar los restos por toda su jeta.

Le dejamos suspendido en el aire durante un rato para que descanse.

Mi amigo y yo os ponemos los calzoncillos y pasamos a descolgarle. Se deja caer en mis brazos. Sigue exhausto. Le acompaño al baño para que se de una ducha y se relaje. Y yo me quedo recogiendo las cosas y colocándolas en la bolsa de nuevo.

Cuando sale de la ducha, aún parece que le falten las fuerzas. Como cuando te han follado la ostia de bien, que horas después de terminar aún estás como en una nube, como si siguieras sintiendo que te siguen follando. Se viste y le acompañamos a la puerta. Nos dijimos adiós, me dio las gracias por semejante polvazo y lefada y me metí dentro para dejarles que hablasen. Después de todo, es su ligue. De hecho creí que me tocaría recoger e irme para que ellos pasaran la noche juntos, pero no. A los 10 minutos, mi colega vino a mí y me dijo que prefería pasar la noche conmigo en plan bien. Deseaba una de nuestras noches de sexo guarro. Así que, bueno, allí que me quedé y bien, sí, he de decir que la noche estuvo de puta madre. Pero esa…..es otra historia.

Limpia eso!

Quiero hacer un alto en el camino para decir que es importante limpiar bien las herramientas que utilizamos para follar.

Por más cerdos que seamos en el sexo, no hay que olvidar que metemos los dildos en culos, y después en bocas y lo mismo los metemos en nuestros culos y bocas…..y por más guarreo que hagamos, el contagio es el contagio. Y no me refiero solo a enfermedades venéreas gordas, sino a cosas como hongos y bacterias que no molan nada y nos pueden dejar semanas fuera de juego. Y, tío, en esto de follar, cada día cuenta.

Os recomiendo guardar bien las herramientas y limpiarlas antes y después de cada polvazo.

Para guardarlas, aparte de servir una bolsa de deporte, podéis usar esta bolsa de piel negra diseñada para dildos y herramientas varias, cuidando especialmente de su higiene.

Lavad bien todo con este detergente para látex, que sirve también para el cuero y lo dejará todo limpio y con olor a nuevo.

Con el uso, tanto el látex como el cuero, pierde brillo. Y si algo nos pone del cuero y el látex es esa apariencia de nuevo, ese olor a piel (en el cuero) y látex. Por eso están el abrillantador de cuero y el abrillantador de látex. Indispensables para mi, para que el tío que me folle se lleve la mejor experiencia, y si él disfruta a saco, yo también.

Puede ser un gran error usar un dildo o un juguete sin lavar, no solo por las bacterias, sino por los olores. Y todos sabemos que un mal olor en un momento dado, nos quita todo el calentón.

Ser un cerdo en el sexo mola, pero ser un cerdo en nuestra higiene no nos pone nada.

Cuádrese, soldado!

Próxima parada: BILBAO. Allí había quedado con un tío de 25 años. Militar de profesión. Un chaval simpático, algo tímido y muy fetichista. Me llamó por que quería un polvo muy “de cuartel“. Para mi un polvo es un polvo, así que la única forma que vi de hacerlo “de cuartel” fue llevarme unas herramientas que no ocupan lugar y que sabía le iban a gustar.

Cuando llegué a su casa….eso es patriotismo y lo demás no importa. Me recibió en calzoncillos verdes, con camiseta verde y botas negras, todo militar. Tenía insignias, gorros, banderas, etc… “decorando” la casa. Fue como si el quinto de infantería le hubiera explotado encima. Me esperó ya empalmado. Un rabo grueso y duro se marcaba bajo el slip verde. Casi que podía ver las venas hinchadas recorriendo su polla y como palpitaba de vez en cuando de la impaciencia.

Cortésmente me acompañó al dormitorio. Puse mi bolsa sobre la cama, la abrí y saqué un tubo de lubricante. Era tierno ver como el soldadito miraba con ganas lo que yo sacaba de la bolsa, jajajajaja. Su rabo estaba a reventar, así que lo primero que utilicé fue la granada de mano. Una fleshlight, o pajeador, en forma de granada de mano. Le puse un poco de lubricante, me acerqué al soldado sumiso y obediente, le saqué el nabo del calzoncillo, le pajeé un poco y lo metí en la granada, suavemente. Con cada centímetro suyo que yo introducía, él soltaba un gemido de gusto y una corriente eléctrica le subía por la espalda. Una vez todo dentro, me puse detrás, pegué mi paquete duro contra su culazo redondo, lo restregué un poco y le masturbé con la granada mientras le cogía del cuello y le daba lametazos a la vez que le susuraba al oido “¿Te gusta, soldado?” “¿Disfrutas de que te haga un pajote? Todo lo que él podía decir era un “Si, mi Capitán” muy flojo debido al gustazo que estaba sintiendo.

Después de un rato me dediqué a trabajarle el agujero del culo con los dedos. Estaba húmedo, caliente, receptivo. Su cuerpo temblaba de placer y yo me ponía cada vez más cachondo de verle disfrutar.

Saqué de mi bolsa la bomba. Un plug con forma de bomba cohete de 18 cm. Lubriqué un poco y lo apoyé en la entrada de su culo. Empujé suavemente y de un Flop lo engulló entero. Si no llega a ser un plug lo pierdo en sus entrañas. Ese culito tenía hambre de verdad. Al entrar, mi soldado soltó un grito de gusto que le tuve que tapar la boca para que no alertara al vecindario. Ese tío era muy cerdo, yo ya no tuve que hacer nada más en su culo, ya que él mismo abría y cerraba el agujero para darse gusto con la bomba. Y yo ya estaba que no podía más. Mi rabo necesitaba trabajo oral.

Con su polla cubierta por la granada y su culo con la bomba, decidí taparle la boca con mi nabo duro. Me puse de pie en la cama, le agarré la cabeza, le enfilé a mi paquete y le hice tragar hasta los huevos. Una mamada profunda de las que me gustan. Una buena follada de garganta. Abría y cerraba su agujero para follarse con la bomba, se pajeaba con la granada y yo le daba en la boca a base de bien. El chico tenía todos los flancos cubiertos.

Así estuve una hora, dándole placer por todos lados y yo disfrutando de una gran follada de boca. Si por mi hubiera sido le habría estallado en la garganta y se la hubiera llenado de lefa bien caliente, pero quería probar ese agujero tragón que tenía. No tardé mucho en comprobarlo.

Me bajé de la cama y dejé al soldado babeando. Le arranqué el plug del culo mientras él soltaba un grito de gustazo. Limpié el plug con una toalla y se lo metí en la boca. Saqué de mi bolsa un collar con correa, se lo puse para tenerlo atado corto y de un golpe le clavé todo el rabazo en el culo. No le hizo daño puesto que ya estaba más abierto que una boca de metro del Bilbao. Y me dediqué a destrozarle a pollazos. Bien cogido del cuello, tragando bomba, pajeandose con la granada y siendo reventado con mi polla. El chico estaba en el puto cielo del placer. Y yo estaba tan caliente que no tenía límite y solo podía darle y darle y darle fuerte hasta agujerearle las entrañas.

En apenas 20 minutos, el soldadito, se sacó la granada de mano y se metió una corrida de la ostia, soltando chorros de leche como pocas veces yo había visto y lanzándolos hasta la almohada. Semejante corrida me dejó ya que no podía más. Salí de su agujero, me subí de pie en la cama, pisando algunos restos de leche y, sin sacar la bomba de su boca, descargué todo lo mío en su cara y restregué todo mi rabo para cubrirle bien todo de lefa. Ahí ya le quité la bomba de la boca y le pegué unos lametazos para saborear mi propio jugo.

Cayó rendido en la cama, bocaabajo, con el culo rojo y mojado, manchándose la cara con sus propios chorros de leche que habían sobre el edredón. Estaba exhausto. Me senté junto a él y, mientras descansaba, yo seguí jugando con los dedos en su agujero.

Un polvo bien militar. Un chaval satisfecho. Otra follada bien follada.

Pónmelo fácil, chaval.

Mi primera parada fue Barcelona. Es una de esas ciudades donde follas sin proponértelo. En cada esquina hay una oportunidad de clavarte a un chaval. Y después de unos días allí, necesitas vitaminas para no palmarla, hahahahaha.

Llego al hotel. Hago el check-in en la recepción. El recepcionista me mira el paquete (como siempre, todo recepcionista es gay e intenta follarse a sus clientes. Demasiado fácil para que me interese). Me dirijo con la maleta al ascensor y suben conmigo un matrimonio de mediana edad y su hijo, de unos 20 años, rapadito, con cara de tragársela entera. Me mira tímidamente. Me coloco al fondo para poder ver el culo del chaval. Redondo y marcado en sus vaqueros, casi me lo follo allí mismo. Bajamos en el mismo piso, vamos por el mismo pasillo y resulta que estamos en habitaciones contigüas. Al abrir mi puerta, le lanzo una mirada  y un gesto de invitación a que venga conmigo. Lo ve, baja la cabeza y se mete en su habitación con sus padres. Solo me queda esperar.

Deshago la maleta, me he traído cuatro cosas de ropa, no pienso estar mucho tiempo vestido. El resto son herramientas para follar bien follado. Me meto en la ducha para quitarme el cansancio de las horas de viaje.

Una hora más tarde llaman a la puerta. Yo aún estoy en toalla, me había quedado en la cama relajándome. Abro y el chaval de antes está en la puerta. Sin decir palabra, se mete rápido en la habitación y cierra tras de si. Le miro a los ojos y le pregunto “¿Qué quieres?”. Sigue sin mediar palabra. Pero empieza a quitarse la ropa y dejarla caer en el suelo. Con cada prenda que cae me deja ver su hermoso cuerpo. Ni un gramo de grasa. Fibrado hasta poder ver todas sus venas. Sus músculos no estaban muy desarrollados pero desde luego que estaban bien marcados. La piel blanca. Las manos le temblaban. Menos mal que puse la calefacción con tiempo, sino se me helaba el chico.

Su comportamiento, dentro de mi experiencia, llegó a enternecerme. No se movió del sitio, no articuló palabra. Solo se desnudó y se mostró ante mi. Con estos crios yo ya no se si es estrategia, o si es que son así de tímidos. Sea como fuere, fui hacia él, le agarré de la cintura y le planté un beso que le ayudó a relajarse. Poco a poco, mientras notaba sus músculos reposar entre mis brazos, más calmados ahora, me lo llevé a la cama, donde nos tumbamos sin dejar de sobarnos.

No tardó mucho en bajar por mi pecho, morder mis pezones, lamer mi torso y encontrarse en la cara con mi rabo. Tampoco tardó mucho en metérselo en la boca y tragarlo hasta los huevos (ya sabía yo que estos críos tienen mucho cuento. Se hacen los tímidos pero no hay rabo que se les resista). No hay nada que me mole más que un buen chavalín tragoncete, así que me dejé hacer mientras disfrutaba de esa boca tan rica que ya había poco que enseñarle.

Mientras me la mamaba largo rato, el chaval tenía su culito a la vista, y yo solo tenía ojos para imaginar la refollada que le iba a meter. Así que empecé a jugar con los dedos en su agujero. Nada más tocarlo lanzó un gemido de placer, a este tio le faltaba poco para abrirse de par en par. Me cansé de esperar. Le saqué el nabo de la boca, me levanté de la cama, me puse detrás de él y contemplé su pedazo agujero pidiendo a gritos que le clavara hasta el mango. Lo abrí con las manos, me puse el condón y apoyé el capullo en su agujero…Un, dos, tres y ya la tenía metida hasta el fondo. Se estaba bien caliente ahí dentro.

Después de un buen rato montándole a saco, taladrando bien su culo y el chaval mordiendo la almohada para no gritar y que se enterasen sus padres de que un tio le estaba reventando el culo en la habitación de al lado, le dí la vuelta, le abrí de piernas y se la clavé de golpe sin esperar un segundo. Casi le atravieso, sus piernas se tensaron, era incapaz de tenerlas levantadas. Me agarraba del culo para que le follara más y más, pero no podía hacerlo bien por que sus piernas no dejaban de ponerse rígidas y dificultarme el paso hasta sus entrañas.

No aguanté más así. Salí del chaval y le dejé en la cama con cara de no entender por que no le estaba follando. me dirigí al armario y saqué el inmovilizador. La herramienta ideal para los que no pueden mantener la postura durante largo rato. Ideal para follar a un chaval abierto de piernas durante horas sin problemas. Se le ajusta a los tobillos y se le pasa por la nuca obligándole a mantener esa postura, pero sin que se canse por ello. me encantan también por que el chico se queda a tu merced y viene genial para meterle dildos de todos los tamaños. Sobre todo para las sesiones de entrenamiento de los que aún no son capaces de dilatar bien pero quieren ser pasivos. Una herramienta indispensable en mi maleta cuando viajo.

Se me quedó un poco con cara de sorpresa cuando me vio sacar la herramienta del armario, pero  en menos de un minuto ya le tenía atado e inmovilizado y bien abierto para mi. De todas formas le dije que así estaría más cómodo y disfrutaríamos mejor del polvo. Y como buen pasivazo, se dejó hacer. Y yo me dediqué a meterle la polla tan al fondo que aplastaba mis huevos contra su culo en cada embestida. Tenía que taparle la boca con la almohada porque me iba a alterar a todo el hotel con los gemidos. Aunque, con cada gemido suyo, más bestia me ponía yo y mas fuerte le daba. Llegó un momento que creí que me estaba pasando y le iba a romper algo, pero no parecía que lo estuviera pasando mal así que seguí dándole duro. El chaval empezó a llorar. Me quedé un poco parado pero seguía gritándome que le follara, y le follara y le diera más y más fuerte, sentí que era de gusto y me ensañé con él hasta que vi brotar de su rabo unos cuantos chorros de leche. Eso fue suficiente para mi para sacar mi polla, desenfundar el condón y en la misma abertura de su culo, rojo y húmedo de la follada, descargar toda mi corrida y verla resbalar hasta cubrir bien su agujero.

Por la calefacción estábamos los dos sudando como cerdos. El chaval no podía ni respirar, estaba agotado. Yo le dejé un rato ahí en la cama y me fui al baño. Me dí una ducha rápida y volví a la cama. Aún estaba ahí, abierto ante mi, con la leche en su culo y su torso. Me miraba y medio sonreía, pero no decía ni palabra. La sola visión de ese crio abierto ante mi me puso a cien. Fui al cajón, saque un dildo bien grande, lo lubriqué y me quedé una hora jugando con su culo. Metiendo y sacándolo, contemplando la apertura de agujero. Él solo podía gemir sin cesar, estaba disfrutando mazo.

Después de una hora de jugueteo y con mi rabo ya a punto de explotar del gustazo de verle tan abierto y recibiendo dildo, me lo follé un rato, me corrí en su cara y le liberé del inmovilizador. Se tumbó exhausto sobre la cama, por fin podía bajar las piernas, pero apenas podía moverse, jajajaajajaja. Nos quedamos así un rato largo, y cuando recobró las fuerzas, se duchó y se volvió a su habitación. Todo ello con una enorme sonrisa, pero sin decir unas sola palabra que no fuera “Fóllame!”.

Para se el primero del viaje, no estuvo nada mal.

 

 

 

 

De vuelta

He estado todo este mes viajando por la geografía española. Follándome a muchos tíos. Y he vuelto para contaros algunos de esos polvos y las herramientas que he utilizado.

 

 

Entra y toma asiento

Hay veces en que quisiera creer en dios para poder darle gracias por polvazos tan increíbles como el de ayer. Por que, cuando algo es bueno, por partida doble, es mejor.

Por la noche se me ocurrió ir al bar, a ver si pillaba algún incauto al que follarme. Estaba tomándome una cerveza, en la barra, con la penumbra del local, los monitores emitiendo películas porno y unas ganas tremendas de comer culo. Miraba el personal, a ver cual me daba sensación de estar dispuesto a clavarle la lengua. Un lado, el otro….nadie, joder. Hasta que entró él.

Un chaval pequeño, no más de 1,70m. Bien proporcionado, piernas, hombros. hasta llegar a su culo, de un tamaño y redondez que indicaba inequivocamente que era pasivo. Esos culos tan desarrollados y hermosos solo los tienen aquellos que les dan un gran uso sexual. Ese era mi hombre de la noche. No permití que nadie se me adelantara y fui directo a él. El bar estaba bastante lleno, ocasión perfecta para pasar a su lado, agarrarle de la cintura y rozarle el rabo en su tremendo culo. Si era todo lo pasivo que yo creía, enseguida se rendiría a mi. Y así fue, le agarré de la cintura, le rocé todo el paquete contra su duro culo redondo y le dije al oído “Perdona, ¿Puedo pasar?”. Pude sentir como se derretía mientras le susurraba. Me coloqué a su lado, seguí bebiendo cerveza. Él me miró de arriba a abajo y no tardó en decirme hola. Tan solo intercambiamos unas palabras de cortesía antes de mirarle a los ojos y lanzarme a besarle. Me acerqué a su oído y le susurré de nuevo “Tengo muchas ganas de follarte esta noche. Y tengo todo lo necesario para darte tanto placer que te sientas como en una nube durante semanas”. Dicho y hecho, salimos del local con rapidez. Ambos estábamos ansiosos por subirnos a esa nube.

Al llegar a casa, en el ascensor, nos enrollamos y le propuse comerle el culo hasta follarle con la lengua. Joder, un poco más y se corre de oírlo. En cuanto entramos en casa, le fui desvistiendo por el pasillo y le hice pasar a la sala de juegos. En el centro de la sala, y sabiendo yo lo que quería para esa noche, dispuse “La Silla” en el centro de la sala. El chaval, al parecer, ya sabía lo que era, por que se le iluminó la cara, marcó una sonrisa de oreja a oreja y se comportaba como un crio ante los regalos de reyes. Me desnudó rapidamente y se puso a comerme el rabo con unas ganas que yo flipaba, joder como tragaba el mamón. Entera dentro y fuera, salivando mucho y dejando bien húmedos mis huevos. Yo de pie, y él arrodillado, como dando gracias por la silla del placer que le había preparado. Y tanto que me dio las gracias, la mamada fue increíble, parecía que le iba la vida en ello. Que gustazo de boca.

La Silla es una estructura de metal con unas bandas de cuero, como la de hacer las maletas en los hoteles, pero diseñada especialmente para comer culo. Una herramienta básica para follar con la lengua y elevar el placer hasta nuevos niveles. Cosa que ocurrió anoche.

Tras mucho mamar, le agarré por banda, le dí la vuelta, le incliné un poco y mordí esas dos montañas firmes de carne deliciosa. Lo abrí bien, vi lo hermoso que tenía el agujero, depilado y suave, y le senté en la silla. Le di un poco más de mamar. Esa boca era un descubrimiento. Pero en un rato me tumbé en el suelo y tenía sobre mi la visión inigualable de su agujero, abierto y preparado para comérmelo hasta hartarme. Le rocé un poco con la lengua, suavemente, acariciando su sonrosado círculo. Lo bueno de “La Silla del Placer” es que te deja tan abierto, que estás a total disposición del que come, y es todo placer. Así me pasé más de una hora, acariciando, rozando, abriendo su culo con la lengua. El chaval gritaba, gemía tan fuerte que creí que le iba a dar un ataque o algo así. Cuanto más gritaba él, mas cachondo me ponía yo. Hasta que no pude más. Le tenía tan abierto que le metí toda la lengua dentro. Y comencé a follármelo así, con la lengua, lamiendo todo el interior. Ahí ya, el chico, no sabía donde meterse, estaba totalmente derretido, gritaba, daba las gracias a dios, me pedía en matrimonio, hahahahahahahaha. Estaba disfrutando como un cabrón. Y yo de comerle así. Me encanta comer un buen agujero abierto.

Perdí la noción del tiempo. Creo que estuvimos tres horas ahí. Yo comiendo culo y follando con la lengua, y él disfrutando como un cerdo. Hasta que noté como su leche caliente me bañaba el torso y la polla. Se había metido una corrida tremenda, y sin avisar. Salí de debajo de la silla. Él me miraba como espectante. Le puse el rabo en la boca, le follé a saco esa bocaza suya, la saqué y le cubrí la cara de lefazos, entera. Y se la volví a clavar en la boca hasta los huevos, bien dentro. El chaval flipaba y yo me quedé muy a gusto.

Nunca hago esto, pero me preguntó si podía quedarse a dormir. Dudé un poco, pero como no le había follado aún el culo con mi rabo, acepté. Tras una ducha los dos, nos metimos en la cama. Le abracé por detrás, le clavé todo el nabo en su agujero abierto y nos dormimos así.

Esta mañana me he despertado antes que él, y aún estaba dentro y empalmado. Así que le he puesto bocaabajo y le he taladrado a base de bien. se ha despertado con las embestidas, mordiendo la almohada, gimiendo de placer. Tras media hora planchando el colchón, sin compasión, con toda la fuerza de la que soy capaz. Le he rociado la espalda y el culo de chorros de leche. Una palmadita y a la ducha.

No me equivocaba, el chaval estaba como en una nube. En su cara solo se veia placer, placer, placer.