
El sábado pasado, estaba yo en casa, en albornoz, tras una larga ducha bien caliente para quitarme los restos del trío que había hecho por la tarde. Ese momento tirado en el sofá, relajado, con la luz baja, un programa insulso en la tele y un té recién hecho sobre la mesa. Me hubiera dormido una buena siesta, pero, me esperaba una noche muy ocupada. Había organizado un encuentro de parejas en casa para disfrutar los unos de los otros.
Estos encuentros no son fáciles de organizar. Tienes que conocer, o medio conocer, o venir recomendados, a todos los invitados. Saber que todos son atractivos, tienen unos buenos cuerpos, unos rabos entre decentes y descomunales, que están abiertos a múltiples experiencias, que no sean malrolleros y puedan compartir a su novio, e, incluso, dejarle hacer a su aire si llegase el caso. Repito, no es fácil, pero sí muy gratificante.
Tras varios días de “casting”, encontré 7 parejas. Todos de entre 18 y 39 años. Todos hermosos. Todos con ganas de follar y ser follados de mil maneras diferentes. Y todos iban a llegar a mi casa a las 10 de la noche. Joder, me quedaba media hora y aún no había preparado los lubricantes y condones, dildos, camas, sofás, toallitas, blah, blah, blah……… Y yo tumbado en el sofá con muy pocas ganas de levantar el culo, jajajajaajajaja. Pero como anfitrión, era lo que debía hacer.
Me cambio y me coloco unos pantaloncitos de deporte, bien cortos, y una camiseta de tirantes. Me aseguro que la calefacción esté puesta y empiezo a abrir la puerta a mis invitados, que van pasando al salón donde he colocado algo de beber para ir rompiendo el hielo.
Tras unos minutos de charla, presentaciones, miradas y sonrisas nerviosas, la calefacción y la bebida hacen su trabajo y todos se van quitando la ropa y dejándola sobre la mesa redonda del comedor. Cuando están todos semidesnudos, la cosa ya empieza a ir sobre ruedas. Como anfitrión, he de “ayudar” a que empiece la fiesta, así que le agarro el culo a un amigo pasivo que ya me he follado varias veces y le pego mordiscos en la nuca. Le bajo el calzoncillo, mientras los demás miran, le doy la vuelta y, después de un beso de bienvenida, le arrodillo a comerme el rabo. Comienza el empalme colectivo, la quitada de ropa interior y las manos que tocan y pajean al de al lado. Poco a poco, mientras yo tengo a mi pasivo tragando polla como un loco, observo que se van haciendo tríos, parejas cuartetos, entre los que más se atraen. Los pasivos son los primeros en comer rabos, para ir abriendo la noche.
Los primeros minutos, todos se concentran en el salón, así que lo tengo lleno de tíos mamando rabos y tíos besándose y sobando culo. Pero, conforme avanza la acción, cada grupo busca su lugar entre el resto de las dependencias de la casa. Como debe ser. Hasta que llega un punto en que, en el salón, solo estoy yo con el chaval comiéndome la polla, otro chico metiéndole la lengua en el culo y un trío en el sofá, de un pasivo tragando rabo de dos activos. Cuando ya están todos metidos en el juego, es cuando yo, como buen anfitrión, paso mesa por mesa para comprobar la satisfacción de mis “comensales”. A mi pasivo ya le están clavando rabo a cuatro patas, y parece que está disfrutando. El chico que se lo está follando está muy cachas, algo inflado, pero con un rabazo bien grande que embiste sin compasión a mi colega, jadeando y mordiendo un cojín, medio tumbado sobre la alfombra. Es momento de ausentarme.
Me acerco al trío que hay en el sofá. Dos hombres, ya pasados los 35 años, cachitas y peludetes, algo quemados del sol (que mira que les digo que no se pasen con el moreno) y un chico de edad indeterminada, novio de algún otro de la fiesta, pasivo como él solo, con el culo bien abierto, a cuatro patas, y comiéndoles los rabos con ansia. Ante la visión de un culito abierto y hambriento, no pude por menos que colocarme detrás, enfilar la polla hacia su entrada, agarrarle su redondo culo y empujar para meterme dentro. Para ayudar a que aguantara el dolor, uno de los activos le clavó la polla hasta la garganta y le cogió de la cabeza para apretar fuerte. Y yo empecé a zumbar a buen ritmo en su agujero. Después de un buen rato dándole rabo, le levanto y le siento sobre uno de ellos. Aprovechando que le dejé muy abierto, el otro vino por detrás y también se la metió. Ahí les dejé, en plena doble clavada, para irme a ver que se cocía en el resto de la casa.
Paso por encima de los dos de la alfombra, que siguen follando como si se acabara el mundo, y en el pasillo me encuentro a un chico delgado pero fibrado, rapado, arrodillado comiéndole el nabo a un chaval de unos….18 años? Muy joven y guapo y con un pedazo rabo de los que llenan donde se metan, tremenda pollaza tenía. Me acerco y me coloco a su lado para ofrecer mi polla al fibraete, que empieza a comerse las dos a la vez. Paso la mano por la cintura de mi compañero de mamada y noto que tiene un dildo en la mano y se acaricia el culo con él. Éste quiere tema. No lo dudo y le exploro el culo con los dedos para tantear. Al ver la reacción, su mirada, y el arqueo de espalda del crío, me retiro de la mamada, me pongo en su espalda, la polla en su agujero, agarro sus caderas y…….clavo lentamente hasta el mango. Lanzando un gemido bien alto, el chico se echa hacia adelante, empotrando al mamador contra la pared y ensartándole su espectacular pollón hasta la garganta, que no se como no le ahogó. Poco más y me toca llamar al SAMUR. Menos mal que el pasivete era de amplia tragadera y aceptó el rabo sin rechistar. Yo, una vez comprobado que no habíamos tenido una baja, suavemente me fui follando al chaval, haciéndole sentir cada centímetro. Echó su cabeza hacia atrás, me agarró del culo y empezó a jadear muy bajo, como si se derritiera por dentro. Y lo parecía, por que su culito estaba caliente y húmedo. Una gozada de culo. El pasivo fibrado, que parecía muy entretenido mamando polla, soltó carácter y nos empujó hacia atrás para poder clavarse el pollazo del colega. No le costó nada, conforme lo colocó, entró entero (recordar quedarme con su número para futuros polvos). Así estábamos los tres, en pleno trenecito, ocupando el pasillo en una follada dentro de otra follada. A la media hora o así, sentí que me iba a correr, pero no era momento. Salí del culo caliente del chavalito, le dí una palmada en la nalga y un beso en la nuca y seguí explorando la casa. Tenía que descansar sino quería explotar antes de tiempo.
Al mirar en uno de los baños, el del espejo de pared a pared, encontré a tres tíos. Uno sentado sobre el mármol, con las piernas abiertas y un grande y hermoso rabo bien duro. Otro agachado sobre ese hermoso rabo y con las piernas abiertas y un tercero zumbándole fuerte. Era excitante ver como miraba en el espejo como se follaba al tío, le cogía de la cabeza y apretaba para que tragara más polla, mientras él seguía clavando y clavando y clavando sin descanso. Yo no podía ponerme a clavar polla por que debía descansar, así que me acerqué, besé al que estaba sentado en el mármol, le mordisqueé los pezones, ricos y suaves, le pasé la lengua por su abdominales y llegué hasta su preciosa polla, que comencé a mamar, saboreándola entera. Una delicia de rabaco. Me estuve ahí un buen rato, disfrutando de semejante polla. Aunque no era el único en disfrutar, ya que, el chico al que se la estaba comiendo, me agarraba del pelo y jadeaba a gusto y bien fuerte con cada tragada de polla que le metía. Tras un buen rato mamando, me saca la polla de la boca y me dice .- Cuidado. Poco más y te lleno la boca de leche -. Le dí un beso y me fui para no acabarle la fiesta antes de tiempo.
Al salir del baño oí unos gritos de dolor. No eran gemidos de gusto, bueno sí, pero también de dolor. La curiosidad me llevó hasta el dormitorio grande del fondo. Abrí la puerta y encontré el paraiso, jajajajajaajaja, habían atado a la cama a un tío de unos 30 años, de gimnasio, grande, fuerte. Y tres tíos más estaban alrededor, dos a la cabeza, dándole pollazos en la cara y restregándole los huevos por la boca, y el último le tenía abierto de piernas ante él y dándole golpes con una fusta en la polla y los huevos. Una buena sesión de dominación y bondage era lo que necesitaba la fiesta.
Me quedé un rato mirando el espectáculo mientras me pajeaba suavemente. El sumiso estaba jadeando de gusto y los otros tres jugaban con su cuerpo. Probaron a meterle la fusta por el culo. Le pusieron pinzas en los pezones para tirar de ellas. Le llenaban la boca con polla y huevos hasta medio ahogarle. Unos niños jugando con su juguete, vamos. Y yo encantado de la vida.
Como buen anfitrión, puse orden. Cogí las ataduras para puertas y puse al esclavo bien atado a la puerta de la habitación, le até una mordaza a la boca para que no pudiera gritar y nos pusimos los cuatro en fila, con los rabos bien duros. Empecé a clavarle polla yo, metidas de golpe, sacar y volver a meter de golpe, mientras le azotaba el culo. Después otro, después otro y así nos íbamos turnando para follarle. Esperando a que llegara mi turno de nuevo, le fustigaba la espalda con un látigo de cuero y le escupía a la cara. Tras un rato de destrozarle el culo, y cuando ya lo tenía rojo y abierto en canal, agarré un plug gigante y se lo metí todo dentro. Era un gustazo oir como intentaba gritar pero la mordaza se lo impedía. Volvimos a empezar, pero cada clavada de rabo que le metíamos, era una doble penetración con la espada dentro. Estábamos todos allí muy calientes, le estábamos dando la follada del siglo al cabrón ese. En una de estas que esperaba mi turno, le até los huevos con una cuerda y el otro extremos al mango de la espada, así, con cada embestida de polla, la espada tiraba de la cuerda y le apretaba más los huevos. El esclavo cachas se llevó una buena paliza de escupitajos, ostias, látigazos y dobles folladas por el culo.
Una de las veces, cuando estaba apunto de tocarme zumbar a mi, no quise esperar y cogí el culo del que le estaba clavando polla, lo abrí y, sin dejarle tiempo a decir “este culo es mío” le empotré contra la puerta, clavándole todo mi nabo hasta el fondo. Del empujón, el sumiso se comió la puerta y el tío que quedó emparedado en medio se puso a gemir como un cerdo. De las embestidas brutales que le daba, de rebote, el esclavo se llevaba el doble. No pude parar y seguía y seguía follándome al tío, y el sumiso seguía y seguía recibiendo dobles embestidas. Tras un rato largo de mega follada, empecé a oír que los demás estaban a punto de correrse. Preparé la corrida final, desaté al sumiso, que apenas podía respirar, lo tiré sobre la cama (el pobre no tenía ni fuerzas de sostenerse por si mismo), y nos colocamos los cuatro a su alrededor, pajeándonos, dándole más ostias, clavándole la espada hasta el fondo……y ya no pudimos más y nos fuimos corriendo en su cara, uno por uno. Me reservé el último lugar para descargar toda mi leche. Uno tras otro, le iban lefando la boca, la cara, el pelo. Hasta llegar a mi, que le abrí su lefada boca, le hice engullir todo mi rabo, le apreté la cabeza contra mis huevos hasta medio ahogarle y entonces solté toda mi leche directa a su garganta mientras le daban arcadas. Joder, fue una corrida tremenda. Sin sacar mi polla de su bocaza, uno le iba clavando la espada y otro le pajeaba hasta que el mismo esclavo se corrió de gusto. Quedamos los cinco exhaustos, sudando, con gotas de leche en nuestros capullos y el esclavo sin fuerzas sobre la cama, con la espada aún metida en el culo, la polla bien corrida y la cara y la boca repletas de leche de cuatro tíos que nos lo acabábamos de refollar de manera violenta. Todo un polvazo.
Nos fuimos todos a los baños, ahora vacíos, y nos dimos una buena ducha. El último en ducharse fue el esclavo, que se quedó en la cama recobrando fuerzas.
Fuimos al salón y allí habían tres parejas jugueteando en los sofás, tocándose, mamándose, pero todo suave, como descansando tras la fiesta. Dos de las parejas ya se había ido tras correrse, y tres más se fueron tras la ducha y despedirnos hasta la próxima fiesta. Nos quedamos dos parejas y yo, charlando, desnudos, bebiendo algo para recuperar líquidos. El crío del pollón que me follé en el pasillo, su novio (el activo que se folló a mi colega pasivo en la alfombra), el de la polla hermosa que estaba sentado en el mármol del baño, y su novio (el que estaba en el baño también follándose al otro). Después de un rato de charla y descanso, nos empezamos a empalmar todos de nuevo, y entre caricias y lametones, los cinco volvimos a follar juntos en el salón. Y ya nos quedamos toda la noche, follándonos y después durmiendo en la cama de dos por dos de mi dormitorio.
Al despertar por la mañana, me encontré a una pareja comiéndose las pollas en un 69 y ya nos pusimos los cinco a follar otra vez.
Una buena fiesta, bien organizada, es una noche inolvidable.